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jueves, 25 de febrero de 2016

Tucídides: El Discurso Funerario de Pericles y el Dialogo de Melos

La guerra del Peloponeso fue un conflicto armado en la antigua Grecia, que a los fines de los objetivos del curso de Filosofía de la Praxis II, se estudiará a través del relato que del mismo hace Tucídides. En tal sentido, se analizan dos puntos emblemáticos en el desenvolvimiento de dicho conflicto, como lo son el Discurso Funerario de Pericles y el Diálogo de Melos.

Ahora bien, en estas líneas se pretende reflexionar sobre la realidad histórica supra mencionada, bajo la óptica de la insociable sociabilidad explicada por Kant, en su antropología práctica y que de acuerdo con los lineamientos dictados por la cátedra, es el hilo conductor para entender a los distintos autores seleccionados.

El Discurso Funerario de Pericles.

En el 431 A.C., le corresponde a Pericles rendir honores a los caídos en el primer año de guerra. Su discurso muestra una democracia sólida en Atenas. Más allá de la adecuación de esa situación con la realidad, Pericles explica la concepción que tienen los atenienses de su polis, así como la imagen de sí mismos.

En primer lugar, si se sigue la caracterización del ser humano kantiana, en la cual se hace referencia a las características del hombre y su carácter moral, encontrándose en ellas las disposiciones naturales, el temperamento y el carácter natural o el modo de pensar en general[1], Pericles retracta el capricho del hombre a la hora de escuchar halagos sobre los demás: Los considerará muy poco, si tiene en estima a los homenajeados o por el contrario, al creerlo superior a sus fuerzas, la envidia no permite creer tales facultades.

Ahora bien, corresponde identificar en este discurso la tensión que se origina en toda sociedad, producto del deseo contradictorio del hombre de vivir con sus congéneres y a su vez de aislarse. En ese sentido, Pericles habla de una polis con un alto grado de civismo, igualdad y respeto por la Ley.

Con respecto a la interacción de lo público con lo privado, Pericles pareciera creer en un equilibrio, pues expresa:

“Nosotros, pues, en lo que toca a nuestra república gobernamos libremente; y asimismo en los tratos y negocios que tenemos diariamente con nuestros vecinos y comarcanos[2]

Adicionalmente agrega que para mitigar los trabajos, tienen juegos, certámenes, etc. Vale decir que hay recreaciones para el disfrute individual.

Otro punto de mucha importancia es la igualdad de oportunidades ante la Ley para dirigir los destinos públicos. Incluso, expresa que es una obligación de todo aquel que tiene una virtud procurar el bien y la honra de la ciudad.

Además, la democracia se erige como pilar fundamental de esta ciudad. En tal sentido, es una forma de gobierno ejemplar, en la cual el destino de la ciudad está en manos de muchos y se rige por las leyes.

En síntesis, Pericles hace una descripción idílica de Atenas, donde se obedece la Ley por el mero hecho de respetarla y no por miedo al juez. Por ese glorioso modo de vida y por esa ciudad, fue que murieron los homenajeados, lo cual debía ser motivo de honra para sus padres, hermanos, hijos y viudas.

Esta concepción pareciera indicar entonces, que si bien existía un espacio para lo público, para lo privado y que el ateniense podía alcanzar cualquier cargo que su habilidad natural, talento o estudio lo preparara para ello. Lo público adquiría un sentido preponderante, pues valía la pena morir por un estilo de vida y no habría mayor consuelo para los deudos, que el destino final de sus seres queridos haya sido por la grandeza de Atenas.

Concatenado con la idea anterior, es preciso apuntar:

Todos cuidan de igual modo de las cosas de la república que tocan al bien común, como de las suyas propias; y ocupados en sus negocios particulares, procuran estar enterados de los del común. Sólo nosotros juzgamos al que no se cuida de la república, no solamente por ciudadano ocioso y negligente, sino también por hombre inútil y sin provecho[3].

Lo anterior, conlleva a concluir que si bien parecía que los atenienses lograron crear una estructura donde había un interacción balanceada entre lo público y lo privado, controlando así la tensión entre la insociable sociabilidad del hombre. Lo cierto es que lo público tiene un mayor peso sobre lo privado, por ende el bien colectivo está por encima del individual. 

El Dialogo de Melos.

La primera parte de esta breve reflexión, se hizo referencia a una visión de la vida ateniense entre sus conciudadanos, pues Pericles se está dirigiendo a sus pares, los cuales disfrutan de una igualdad de condiciones ante la Ley, es pues una relación horizontal. Sin embargo, en el dialogo que se produce entre los atenienses y los habitantes de la Isla de Melos, se trata de una discusión entre desiguales, donde una parte tiene mayor fuerza que la otra y en este punto no se aplican  las mismas reglas que para los atenienses. Lo anterior lo convierte en una relación vertical.

Esta nueva visión de Atenas, se evidencia como un imperio que quiere mantenerse  y para eso debe hacer uso de la fuerza. En este sentido, se puede apuntar lo siguiente:

Como el de todo ser vivo, el fin del imperio es conservarse.  Carece de la más mínima vocación de sacrificio y repudia cualquier instrumento o acción susceptible de dañarle. Del conjunto de medios con los que proveer a su seguridad el imperio, por serlo, se servirá naturalmente de uno: su propia fuerza[4].

Así pues los atenienses van a la Isla de Melos a proponerles una alianza, sin embargo está propuesta es más una imposición, pues los Melios aspiraban a la neutralidad y en ese sentido, es claro que para los atenienses esto no es posible. La diatriba de los Melios se ubica en sacrificar su libertad en aras de su seguridad, pues antes de someterse a la voluntad de los atenienses eran un pueblo libre, sin embargo ante la fuerza de estos, sus opciones se reducen drásticamente.

Además la idea de “lo justo” en esta situación de guerra, debe ceder frente a las ideas de utilidad y necesidad del Estado. Atenas necesitaba la alianza con la Isla de Melos, para conservar su poderío, en este sentido, hay un sometimiento bajo amenaza a los Melios, pues le expresan:

Os es ciertamente provechoso, porque más vale que seáis súbditos que sufrir todos los males y daños que os pueden venir a causa de la guerra; y nuestro provecho cosiste en que nos conviene más mandaros y teneros por súbditos que mataros y destruiros[5].

Otra frase que demuestra la naturaleza de las hostilidades en este punto, es cuando los Melios les proponen a los atenienses su amistad y estos  responden que le temen más a su amistad que a su odio, porque sería una señal de debilidad y ese ejemplo sería peligroso frente a sus otros enemigos.

Finalmente, se debe señalar que el análisis de estos dos textos, permite conocer una doble actuación de Atenas: Por un lado el manejo de la insociable sociabilidad entre iguales (relaciones horizontales) y su manejo entre desiguales (relación de verticalidad).

De igual forma se puede observar dos puntos de vista: El de Pericles, que             retracta la grandeza de Atenas, como una ciudad y un estilo de vida por el cual vale la pena morir y el de los Melios, que se enfrenta a un imperio que trata de conservar su poder y supremacía, por ello debe elegir entre su seguridad y su libertad.








[1] KANT, I. (1785/1990). Antropología Práctica (según el manuscrito inédito de C.C. Mrongovius, fechado en 1785). Madrid. (T. R. Rodríguez). Editorial tecnos. Versión Digital. Página 192
[2] TUCIDIDES. (423 a.C./2007).GUERRA DEL PELOPONESO.  (Traducción Diego Gracián). Versión Digital. Página 192
[3] TUCIDIDES Op. Cit. 194
[4] HERMOSA ANDÚJAR, A. El diálogo de Melos o la conservación del Imperio. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades [en línea] 2004, 5 (primer semestre) : [Fecha de consulta: 05 de febrero de 2016] Disponible en:<http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=28211505> ISSN 1575-6823
[5] Tucídides Op. Cit. 518

domingo, 11 de mayo de 2014

Mi primo Darwin

Tengo mala memoria, gracias a dios. He olvidado sistemáticamente caras, momentos, frases, sonrisas y olores. Pese a esto, recuerdo con absoluta claridad, una noche de mi niñez. Estaba en San Sebastian de los Reyes, viendo las estrellas, acostada en el capo del carro de uno de mis tíos, con mi primo Darwin y me dijo dos cosas que he dado por ciertas desde entonces: La primera fue que es demasiada prepotencia de los seres humanos creerse los únicos en el universo y la segunda que sí había un “más allá” el me avisaría desde el otro lado.

En esa época teníamos conversaciones profundas y el me deslumbraba, porque lo sabía todo. Con cinco años más que yo, era mi primo favorito, cuestión bastante meritoria porque tengo muchos y muy buenos primos. El podía armar y desarmar una computadora, reparaba cualquier cosa y no mataba ni a las hormigas. Aprendió un intento de inglés escuchando las canciones de Michael Jackson, a quien le tributaba un amor exagerado.

Dicen que Gabriela, se le parece en los ojos y en el tono de piel, pero Darwin era más oscuro, de mirada benévola y mucho más tierno.

No fui a la única con la que tuvo reflexiones inexplicables, aseguraba que no iba a llegar a viejo, que había que morir ahogado porque la muerte era una sola vez y había que disfrutarla, que su mamá nunca tendría nietos de él y cosas por el estilo. Sus comentarios siempre fueron tomados a chistes, porque tenía la capacidad de mofarse de lo sagrado y lo divino sin ofender a nadie.

Lo cierto es que algún ángel debió haber dicho amén a las loqueras de mi primo. A los diecinueve años se ahogó, en la represa de Camatagua, un día de las madres.

Tuvo la decencia de visitar a cada miembro de la familia antes de morir, conmigo fue al cine, vimos “Stuart Little”, no teníamos mucho dinero sólo alcanzó para las entradas y un cocosette. Empezó la película y comenzó el concierto de paquetes que se abrían y Darwin hizo más ruido que los demás con nuestro cocosette, <<para que no sepan que sólo tenemos este>>, me dijo y yo reí y fui feliz, porque con él la felicidad era un asunto muy simple.

La electricidad se fue a mitad de película, yo quería salir corriendo del cine, pero me dijo que no, que precisamente la gente que hacia eso era la que causaba mayores accidentes, así pues salimos con calma y disfrutamos del paseo. He envejecido, porque puedo decir que era otra época. Caminamos por El Valle, de noche y sin luz y llegamos vivos a casa, hoy en día eso es estadísticamente improbable.

No tengo dudas de que se estaba despidiendo. Antes de irse escribió en uno de mis cuadernos del liceo “Recuerdo de tu primo Darwin” y pintó mi nombre con múltiples colores ¿Es qué eso puede tener otro significado?

Mis palabras con respecto a mi primo, no están dulcificadas por su muerte, no se trata del juego burdo de maximizar las virtudes de los que dejaron esta existencia terrenal. Precisamente creo que la brevedad de su paso por nuestras vidas, es testimonio de su excepcionalidad. Era demasiado bueno para durar.

Con los años, con los lutos mezclados y la constante tendencia a perder aquello que amo, creo que deje un poco relegado a mi primo. No es que no me doliera, pero estaba anestesiada después de tantos golpes, murió solo dos meses después que mi papá.

Mi tía Mary, no superó la perdida de Darwin,  le sobrevivió poco,  Cáncer de seno. A veces se tienen malas rachas en la vida.

Como lo único que se puede hacer es seguir adelante, con el dolor, con los traumas, con las lágrimas, se continúa, se olvida un poco y se reajusta la vida a los cambios, a las nuevas soledades y eventualmente llega la resignación, para mantener la cordura. Y yo crecí y estudié y viví y Darwin no. Cosas que pasan.


Así pues en mis múltiples cambios de trabajo, llegue a un invento de Ministerio y en los reinos de la burocracia y la mediocridad, conocí a Karim y descubrimos que teníamos mucho en común y nos topamos con cierta conexión extraña entre nosotras. Karim es una persona espiritual, estudia cosas increíbles, medita, se limpia los chacras y hace cursos que no terminan jamás.

Cuando pienso en Karim ella me escribe, me responde preguntas que todavía no le he formulado. Soy una especie de receptora de sus pensamientos, a veces tengo antojo de comer cosas que ni siquiera me gustan por su culpa y aunque ya no trabajamos juntas, seguimos teniendo coincidencias demasiado perfecta para poderse tildar de casualidades. Simplemente hemos tomado esto como algo para reír, porque de nada sirven “mis poderes telepáticos” si solo funcionan con Karim.

Hace poco, tuvo un sueño particular, soñó con un joven entre 18 y 20 años, moreno pero no negrito, que le enseñaba una laguna, un río o algo por el estilo, ella le decía que no entendía que quería, pero el muchacho le dijo que yo si entendería, le pidió que me dijera que ya no está solo y abrazó a un mujer de cabello corto, me mando a decir que estaba bien y sonreía calmado y feliz, en paz.

Aurymar Ibarra Meléndez