La
guerra del Peloponeso fue un conflicto armado en la antigua Grecia, que a los
fines de los objetivos del curso de Filosofía de la Praxis II, se estudiará a
través del relato que del mismo hace Tucídides. En tal sentido, se analizan dos
puntos emblemáticos en el desenvolvimiento de dicho conflicto, como lo son el
Discurso Funerario de Pericles y el Diálogo de Melos.
Ahora
bien, en estas líneas se pretende reflexionar sobre la realidad histórica supra mencionada, bajo la óptica de la
insociable sociabilidad explicada por Kant, en su antropología práctica y que
de acuerdo con los lineamientos dictados por la cátedra, es el hilo conductor
para entender a los distintos autores seleccionados.
El Discurso Funerario de Pericles.
En
el 431 A.C., le corresponde a Pericles rendir honores a los caídos en el primer
año de guerra. Su discurso muestra una democracia sólida en Atenas. Más allá de
la adecuación de esa situación con la realidad, Pericles explica la concepción
que tienen los atenienses de su polis, así como la imagen de sí mismos.
En
primer lugar, si se sigue la caracterización del ser humano kantiana, en la
cual se hace referencia a las características del hombre y su carácter moral,
encontrándose en ellas las disposiciones naturales, el temperamento y el
carácter natural o el modo de pensar en general[1],
Pericles retracta el capricho del hombre a la hora de escuchar halagos sobre
los demás: Los considerará muy poco, si tiene en estima a los homenajeados o
por el contrario, al creerlo superior a sus fuerzas, la envidia no permite
creer tales facultades.
Ahora
bien, corresponde identificar en este discurso la tensión que se origina en
toda sociedad, producto del deseo contradictorio del hombre de vivir con sus
congéneres y a su vez de aislarse. En ese sentido, Pericles habla de una polis
con un alto grado de civismo, igualdad y respeto por la Ley.
Con
respecto a la interacción de lo público con lo privado, Pericles pareciera
creer en un equilibrio, pues expresa:
“Nosotros,
pues, en lo que toca a nuestra república gobernamos libremente; y asimismo en
los tratos y negocios que tenemos diariamente con nuestros vecinos y comarcanos[2]”
Adicionalmente
agrega que para mitigar los trabajos, tienen juegos, certámenes, etc. Vale
decir que hay recreaciones para el disfrute individual.
Otro
punto de mucha importancia es la igualdad de oportunidades ante la Ley para
dirigir los destinos públicos. Incluso, expresa que es una obligación de todo
aquel que tiene una virtud procurar el bien y la honra de la ciudad.
Además,
la democracia se erige como pilar fundamental de esta ciudad. En tal sentido,
es una forma de gobierno ejemplar, en la cual el destino de la ciudad está en
manos de muchos y se rige por las leyes.
En
síntesis, Pericles hace una descripción idílica de Atenas, donde se obedece la
Ley por el mero hecho de respetarla y no por miedo al juez. Por ese glorioso
modo de vida y por esa ciudad, fue que murieron los homenajeados, lo cual debía
ser motivo de honra para sus padres, hermanos, hijos y viudas.
Esta
concepción pareciera indicar entonces, que si bien existía un espacio para lo
público, para lo privado y que el ateniense podía alcanzar cualquier cargo que
su habilidad natural, talento o estudio lo preparara para ello. Lo público
adquiría un sentido preponderante, pues valía la pena morir por un estilo de
vida y no habría mayor consuelo para los deudos, que el destino final de sus
seres queridos haya sido por la grandeza de Atenas.
Concatenado
con la idea anterior, es preciso apuntar:
Todos
cuidan de igual modo de las cosas de la república que tocan al bien común, como
de las suyas propias; y ocupados en sus negocios particulares, procuran estar enterados
de los del común. Sólo nosotros juzgamos al que no se cuida de la república, no
solamente por ciudadano ocioso y negligente, sino también por hombre inútil y
sin provecho[3].
Lo
anterior, conlleva a concluir que si bien parecía que los atenienses lograron
crear una estructura donde había un interacción balanceada entre lo público y
lo privado, controlando así la tensión entre la insociable sociabilidad del hombre.
Lo cierto es que lo público tiene un mayor peso sobre lo privado, por ende el
bien colectivo está por encima del individual.
El
Dialogo de Melos.
La
primera parte de esta breve reflexión, se hizo referencia a una visión de la
vida ateniense entre sus conciudadanos, pues Pericles se está dirigiendo a sus
pares, los cuales disfrutan de una igualdad de condiciones ante la Ley, es pues
una relación horizontal. Sin embargo, en el dialogo que se produce entre los
atenienses y los habitantes de la Isla de Melos, se trata de una discusión
entre desiguales, donde una parte tiene mayor fuerza que la otra y en este
punto no se aplican las mismas reglas
que para los atenienses. Lo anterior lo convierte en una relación vertical.
Esta
nueva visión de Atenas, se evidencia como un imperio que quiere mantenerse y para eso debe hacer uso de la fuerza. En
este sentido, se puede apuntar lo siguiente:
Como
el de todo ser vivo, el fin del imperio es conservarse. Carece de la más mínima vocación de
sacrificio y repudia cualquier instrumento o acción susceptible de dañarle. Del
conjunto de medios con los que proveer a su seguridad el imperio, por serlo, se
servirá naturalmente de uno: su propia fuerza[4].
Así
pues los atenienses van a la Isla de Melos a proponerles una alianza, sin
embargo está propuesta es más una imposición, pues los Melios aspiraban a la
neutralidad y en ese sentido, es claro que para los atenienses esto no es posible.
La diatriba de los Melios se ubica en sacrificar su libertad en aras de su
seguridad, pues antes de someterse a la voluntad de los atenienses eran un
pueblo libre, sin embargo ante la fuerza de estos, sus opciones se reducen
drásticamente.
Además la idea de “lo justo” en esta situación de guerra,
debe ceder frente a las ideas de utilidad y necesidad del Estado. Atenas
necesitaba la alianza con la Isla de Melos, para conservar su poderío, en este
sentido, hay un sometimiento bajo amenaza a los Melios, pues le expresan:
Os
es ciertamente provechoso, porque más vale que seáis súbditos que sufrir todos
los males y daños que os pueden venir a causa de la guerra; y nuestro provecho
cosiste en que nos conviene más mandaros y teneros por súbditos que mataros y
destruiros[5].
Otra
frase que demuestra la naturaleza de las hostilidades en este punto, es cuando
los Melios les proponen a los atenienses su amistad y estos responden que le temen más a su amistad que a
su odio, porque sería una señal de debilidad y ese ejemplo sería peligroso
frente a sus otros enemigos.
Finalmente,
se debe señalar que el análisis de estos dos textos, permite conocer una doble
actuación de Atenas: Por un lado el manejo de la insociable sociabilidad entre
iguales (relaciones horizontales) y su manejo entre desiguales (relación de verticalidad).
De
igual forma se puede observar dos puntos de vista: El de Pericles, que retracta la grandeza de Atenas, como una
ciudad y un estilo de vida por el cual vale la pena morir y el de los Melios,
que se enfrenta a un imperio que trata de conservar su poder y supremacía, por
ello debe elegir entre su seguridad y su libertad.
[1] KANT, I. (1785/1990). Antropología Práctica (según el manuscrito inédito de C.C.
Mrongovius, fechado en 1785). Madrid. (T. R. Rodríguez). Editorial tecnos. Versión
Digital. Página 192
[2] TUCIDIDES. (423 a.C./2007).GUERRA
DEL PELOPONESO. (Traducción Diego
Gracián). Versión Digital. Página 192
[3] TUCIDIDES Op. Cit. 194
[4] HERMOSA ANDÚJAR, A.
El diálogo de Melos o la conservación
del Imperio. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades
[en línea] 2004, 5 (primer semestre) : [Fecha de consulta: 05 de febrero de
2016] Disponible en:<http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=28211505> ISSN
1575-6823
[5] Tucídides Op.
Cit. 518
No me habias comentado que tenias un Blog, que genial.
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