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domingo, 11 de mayo de 2014

Mi primo Darwin

Tengo mala memoria, gracias a dios. He olvidado sistemáticamente caras, momentos, frases, sonrisas y olores. Pese a esto, recuerdo con absoluta claridad, una noche de mi niñez. Estaba en San Sebastian de los Reyes, viendo las estrellas, acostada en el capo del carro de uno de mis tíos, con mi primo Darwin y me dijo dos cosas que he dado por ciertas desde entonces: La primera fue que es demasiada prepotencia de los seres humanos creerse los únicos en el universo y la segunda que sí había un “más allá” el me avisaría desde el otro lado.

En esa época teníamos conversaciones profundas y el me deslumbraba, porque lo sabía todo. Con cinco años más que yo, era mi primo favorito, cuestión bastante meritoria porque tengo muchos y muy buenos primos. El podía armar y desarmar una computadora, reparaba cualquier cosa y no mataba ni a las hormigas. Aprendió un intento de inglés escuchando las canciones de Michael Jackson, a quien le tributaba un amor exagerado.

Dicen que Gabriela, se le parece en los ojos y en el tono de piel, pero Darwin era más oscuro, de mirada benévola y mucho más tierno.

No fui a la única con la que tuvo reflexiones inexplicables, aseguraba que no iba a llegar a viejo, que había que morir ahogado porque la muerte era una sola vez y había que disfrutarla, que su mamá nunca tendría nietos de él y cosas por el estilo. Sus comentarios siempre fueron tomados a chistes, porque tenía la capacidad de mofarse de lo sagrado y lo divino sin ofender a nadie.

Lo cierto es que algún ángel debió haber dicho amén a las loqueras de mi primo. A los diecinueve años se ahogó, en la represa de Camatagua, un día de las madres.

Tuvo la decencia de visitar a cada miembro de la familia antes de morir, conmigo fue al cine, vimos “Stuart Little”, no teníamos mucho dinero sólo alcanzó para las entradas y un cocosette. Empezó la película y comenzó el concierto de paquetes que se abrían y Darwin hizo más ruido que los demás con nuestro cocosette, <<para que no sepan que sólo tenemos este>>, me dijo y yo reí y fui feliz, porque con él la felicidad era un asunto muy simple.

La electricidad se fue a mitad de película, yo quería salir corriendo del cine, pero me dijo que no, que precisamente la gente que hacia eso era la que causaba mayores accidentes, así pues salimos con calma y disfrutamos del paseo. He envejecido, porque puedo decir que era otra época. Caminamos por El Valle, de noche y sin luz y llegamos vivos a casa, hoy en día eso es estadísticamente improbable.

No tengo dudas de que se estaba despidiendo. Antes de irse escribió en uno de mis cuadernos del liceo “Recuerdo de tu primo Darwin” y pintó mi nombre con múltiples colores ¿Es qué eso puede tener otro significado?

Mis palabras con respecto a mi primo, no están dulcificadas por su muerte, no se trata del juego burdo de maximizar las virtudes de los que dejaron esta existencia terrenal. Precisamente creo que la brevedad de su paso por nuestras vidas, es testimonio de su excepcionalidad. Era demasiado bueno para durar.

Con los años, con los lutos mezclados y la constante tendencia a perder aquello que amo, creo que deje un poco relegado a mi primo. No es que no me doliera, pero estaba anestesiada después de tantos golpes, murió solo dos meses después que mi papá.

Mi tía Mary, no superó la perdida de Darwin,  le sobrevivió poco,  Cáncer de seno. A veces se tienen malas rachas en la vida.

Como lo único que se puede hacer es seguir adelante, con el dolor, con los traumas, con las lágrimas, se continúa, se olvida un poco y se reajusta la vida a los cambios, a las nuevas soledades y eventualmente llega la resignación, para mantener la cordura. Y yo crecí y estudié y viví y Darwin no. Cosas que pasan.


Así pues en mis múltiples cambios de trabajo, llegue a un invento de Ministerio y en los reinos de la burocracia y la mediocridad, conocí a Karim y descubrimos que teníamos mucho en común y nos topamos con cierta conexión extraña entre nosotras. Karim es una persona espiritual, estudia cosas increíbles, medita, se limpia los chacras y hace cursos que no terminan jamás.

Cuando pienso en Karim ella me escribe, me responde preguntas que todavía no le he formulado. Soy una especie de receptora de sus pensamientos, a veces tengo antojo de comer cosas que ni siquiera me gustan por su culpa y aunque ya no trabajamos juntas, seguimos teniendo coincidencias demasiado perfecta para poderse tildar de casualidades. Simplemente hemos tomado esto como algo para reír, porque de nada sirven “mis poderes telepáticos” si solo funcionan con Karim.

Hace poco, tuvo un sueño particular, soñó con un joven entre 18 y 20 años, moreno pero no negrito, que le enseñaba una laguna, un río o algo por el estilo, ella le decía que no entendía que quería, pero el muchacho le dijo que yo si entendería, le pidió que me dijera que ya no está solo y abrazó a un mujer de cabello corto, me mando a decir que estaba bien y sonreía calmado y feliz, en paz.

Aurymar Ibarra Meléndez